
Frase atribuida a Martín Lutero (1483 - 1546) no hay constancia de que realmente la halla formulado como tal. Sin embargo encaja con su legado, pues mediante "poner por escrito" las irregularidades de la iglesia católica de su tiempo y como esta aprovechando la ignorancia del pueblo ganaba mucho dinero con la venta de indulgencias.
Puso por escrito lo que él consideró un abuso de poder y a vista de los feligreses de la Iglesia del Palacio de Wittenberg (Wittenberg, Alemania) objetando que dichas indulgencias realmente sirvieran para algo, más allá de llenar las arcas de la iglesia y empobrecer a sus habitantes. Gracias a la imprenta pronto aquellos "cuestionamientos" se extendieron por toda Europa en unos meses dando lugar a la Reforma protestante y la pérdida de credibilidad en este modo de recaudación de fondos monetarios por parte de la iglesia católica.