
No queda claro del todo el origen de esta peculiar expresión, pero hasta donde se sabe está basada en un acontecimiento de la vida real: en una ocasión un hombre criaba cabras o chivos y alguien se acercó para ofrecerle una importante suma a cambio de todos sus animalitos.
Acordaron el precio, pero el comprador exigió subir los animales primero a su camioneta para posteriormente pagarle al pequeño ganadero. Él por su parte muy desconfiado al respecto (tal vez pensó que la otra persona reusaría pagarle ya con el ganado en su poder o se fugaría con la mercancía) reclamó "¡NO, chivo brincado, chivo pagado!", es decir "por cada animal que suba al vehículo me debes pagar y luego puedes subir el siguiente".
Esta expresión se usa hoy en día para exigir el inmediato pago al terminar la realización un servicio o al entregar el producto o mercancía, nada de "luego te pago", "no traigo dinero en este momento" o "te pago mañana". Es muy similar a "cayendo el niño y soltando el llanto", es decir, pagar tan pronto se recibe el producto o el servicio solicitado.