¿Quién dice que no? Que esto no puede suceder. Es falso. Todo puede suceder, tanto como la posibilidad de que si el móvil no está bien ubicado va a caer de la mesa, tarde o temprano.
Yo, como tal, me siento engullido por el tremor de mi propia imaginación, aquella maquinaria cósmica que no alcanza a captar el 0.0000001% del todo existente, pero que aún esa mínima cifra alcanza para hacerme caer en desdicha.
¿Lo notas siquiera? Esta conjunción de palabras elegidas sobre la marcha, porque planear dejó de ser divertido una vez sabes donde está el tesoro; algo ilógico a primera vista, pero que para el aventurero de misterios se asemeja a oír sin querer la respuesta al acertijo.
Mira nada más. Hasta en los precipicios más profundos encuentro referencias.
Eres más de lo que nunca pensé, pues nunca supe a ciencia cierta si tenías el carácter dispositivo que me has enseñado con suaves toques en lugares que nadie había tocado de esa manera.
Eres musa, eres Sol que al caer te vuelves Luna, fría e indiferente.
Eres portadora de dos luceros que no caen, se mantienen inertes dibujando circunferencias imposibles al cautivar cada fotografía que con ellos capturas.
Te digo esto sabiendo que quizás no lo escuches.
No es leer, pues acá reposa mi idea.
Serás tú quien le adicionará el sonido, que ya conoces, y que te ha llegado a la psiquis por vía express.
Desde el punto más cercano de recepción he enviado mis señales, y sé que las has captado, lo he notado en tu reaccionar.
No es más, ya lo he sacado.