ARENAS MOVEDIZAS: acto tercero
Ya estaba lista para la fiesta de inauguración del teatro del complejo escolar. Una vez allí, supe quien es ese maravilloso Byron y realmente entendí a mi amiga. Es un chico rico y apuesto de origen americano que estudia de actor. Acabé justificando las mentirillas de Elisa. Y después, vino lo peor: lo que al comienzo me pareció un sueño, mas rápidamente se convirtió en mi mayor pesadilla. Porqué en esa fiesta no conocí solo a Byron, sino también a sus amigos, entre los cuales a William, de quien me enamoré perdidamente. Qué desdicha, debido a que, para colmo, resultó ser uno de los Esquivel, familia aún más elitista, rica y poderosa que los Romero. Sé bien quien son los Esquivel porque don Pablo, el padre de Elisa, a veces hace recados en su mansión por cuenta de los Romero. Y siempre que vuelve de allí, no para de contar lo pasmado que se queda al mirar el imponente palacio que hace con que la casa de los Romero parezca una lata de sardinas. Obviamente, igual que Elisa ante Byron, no tuve el valor de decirle a William que soy hija de obreros y vivo en un piso de mala muerte, donde solamente faltan ratones. Le conté que Elisa y yo somos primas y por lo tanto, yo sería sobrina de los Romero. Su sobrina de Uruguay...
Pues bien, amiguitos y amiguitas. Las dos nos fuimos demasiado lejos con las mentiras: de verdad que metimos la pata hasta el cuadril. Y aún falta contarles lo que vino después, lo del dichoso collar...