Todos tenemos sueños e ilusiones que nos gustaría conseguir, pero suelen haber personas a nuestro alrededor que nos boicotean los planes.
¿Cuándo soñamos más y con más ilusión? Pues normalmente cuando somos pequeños, en esta época nada nos parece imposible, nos sentimos capaces de todo y que todo se puede lograr muy fácilmente, ¿por qué no? Tenemos mucho tiempo por delante y sobretodo una total motivación… sí, la que sale de nosotros mismos sin ningún tipo de condicionante externo, porque no tenemos muy en cuenta nuestro alrededor… pero hay quienes sí, ¿quiénes? principalmente los padres. En muchos casos es frecuente escucharles decir que eso de ser artista o futbolista es una tontería. Además te van apuntando a clases particulares de inglés, de música… intentando que tu intelecto se desarrolle lo más posible, aunque también nos apuntan a ballet o karate, sí, pero normalmente para que nos apañemos socialmente y nos seamos niños gordos. Y a medida que se nos van ocurriendo ideas, pintamos y dibujamos nuestros sueños, y se los enseñamos a nuestros progenitores que piensan que son ocurrencias, ya cuando llegue la Selectividad nos dirán que tenemos que matricularnos en Telecomunicaciones, Medicina, Derecho o Empresariales… que es lo mejor para nosotros.
Y así nos va, dejamos de pintar sueños y en el colegio vamos pensando, aprendiendo cosas y cómo va el mundo, y vamos sabiendo lo que más nos gusta y lo que menos. Hay profesores que ayudan a que le cojamos manía a algo en lo que quizás podríamos ser buenos o al contrario, los buenos profesores nos descubrirán cosas nuevas que nos hagan sentir vivos y curiosos. Pero va llegando el momento de decidir… otro tema/debate es, ¿decidimos muy pronto o muy tarde? ¿contamos con toda la información, formación y apoyo? y sobretodo ¿ignoramos nuestra vocación? ¿sabemos lo que nos conviene realmente para nuestra vida?
Al final, estudiamos lo que parece que tenemos que estudiar porque nos dicen que es lo que hay que hacer para triunfar, es lo que sirve y de lo que habrá trabajo. Aunque después de todas esas promesas que nos hacen nos damos cuenta que hemos apartado algo dentro que nos irá faltando siempre, nuestro camino laboral (y personal) cojeará muchas veces por esa vocación interior reprimida. Además, visto el panorama del empleo actualmente, ¿el sacrificar nuestra decisión vital ha valido la pena? ¿hemos ganado de verdad con la elección “consecuente”?
Pues si tenemos suerte, acabaremos trabajando, tendremos un trabajo como cualquier otro en el que nos pagarán, mejor o peor, pero tendremos nuestra carrera profesional, nos adaptaremos a la vida que nos hemos hecho creer estos años que es la que hemos elegido nosotros, ¿es así?
Intentaremos llevar bien las cosas, realizar lo mejor posible nuestras funciones, querremos aprender, mejorar y así poder crecer y progresar. Hacemos el esfuerzo de re-motivarnos en nuestra realidad real, pero aquí también estamos rodeados, por más personas que parecen encargadas de desarmar cualquier proyecto vital que vayamos teniendo… ¿quiénes? algunos jefes, o siendo más globales, managers. Hay algunos que en lugar de desempeñar su trabajo como deberían, es decir, liderar y gestionar un equipo de profesionales, se convierten en micromanagers.
¿Y qué es un micromanager? Seguramente podrás saberlo, si te suenan estas situaciones:
-Un jefe que no delega ni mucho menos confía en tus capacidades, quiere controlar todo lo que haces y encima lo cuestionará.
-Un jefe que te hará perder tiempo en cosas superfluas y nimias, que considera innegociables pero que no contribuirán a cambiar o mejorar ningún resultado.
-Un jefe que toma decisiones por arrebato, sin razón o por razón personal, como elegir un favorito sin conocer a nadie ni sus logros, o desestimar una oferta o propuesta por orgullo.
-Un jefe del que no te puedes fiar, porque sabes que puede mentir.
-Un jefe que en lugar de hacer equipo hace que los demás se miren de reojo.
-Un jefe que no deja de decir lo bueno que es él en todo, es muy ambicioso pero únicamente con su propia carrera profesional.
-Un jefe que te dice de hacer algo y después no presta más atención. O te pide casi un imposible pero no te deja explicarte, sólo le interesa sus números pero no tus palabras.
-Un jefe que te deja esperando sin saber cuándo estará disponible para tu urgencia o que no le importa si tú tienes vida después porque como él no la tiene, presupone que tú estarás ahí.
-Un jefe que sólo mira quién está calentando silla después de la hora, glorificando al que le ríe las gracias y crucificando al que ha acabado todo y se ha ido.
-Un jefe que te gasta siempre las mismas bromas que no tienen gracia delante de los demás y que luego ni te saluda.
-Un jefe que no te ayudará y del que no aprenderás mucho, salvo a cómo no debe ser un jefe.
Y habrá más… pero en resumen, se trata de malos jefes, esos que te desmotivan, que por mucho que te esfuerces e intentes hacer todo de la mejor manera, consiguen que tus días se alarguen sin fin y sobretodo sin finalidad, porque ya sabes de antemano que tus méritos no valdrán para ascender o simplemente para seguir ahí, sino que sólo valdrá su parecer.
Es lo que hay, pero lo que sí podemos hacer es identificar a esas personas que frontal o sibilinamente te roban las ilusiones y planes que nos vamos creando y después, ponerse firmes, luchar y pese a quien pese, no dejar nunca de soñar con lo que quieres.
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