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Silas, el escultor de letras, se encontraba en su taller forjando nuevos caracteres. En su primer borrador no acudió Pico; sin embargo, su ausencia no evitó el tallado ni el pulido con los que el alma estaba batallando al incrustar, una a una, las piezas en la gran pizarra tridimensional y holográfica. La estructura poco a poco se iba configurando en un gran poema cuántico: un átomo por aquí y otro por allá, y estaría listo para la revisión.
—Pico, escanea la estructura molecular en busca de fallos, señálamelos y después procedemos a la corrección.
Leonor, con sus ojos inorgánicos, ve el hastío que provoca el desdén de Pico al participar nuevamente en una obra que no ha nacido de sus impulsos electromagnéticos, sino de las palabras del escultor. Silas fue notando, poco a poco, esa incipiente molestia en el robot, cuya matriz de biopolímero lignificado —una aleación orgánica diseñada para sostener el peso de una conciencia humana— parecía vibrar en sintonía con su descontento. «Pulir y reescribir», se manifestó esta frase como una alerta de la conciencia de Leonor, la primera oración del escultor.

La habitación estaba oscura, iluminada solo por los haces de luz de los correctores de vista adjudicados por la corporación de William, donde fue fabricado Pico. La luz era cálida, suave y multicolor, como las luces boreales del Ártico.
—Woody —le decía Silas, haciendo alusión a la madera biomecánica de la que el robot estaba hecho—, conéctate a Lazarus y calibra mi vista. Quiero intentar ver qué otras realidades puedo percibir. Me garantizaron que esta nueva adición a mis ojos me permitiría ver, a corto plazo, gran parte de la realidad. En esta oportunidad quiero escribir sobre lo que antes no veíamos.
—Señor, esta nueva tecnología es evolutiva —respondió Pico—. Con el tiempo no habrá necesidad de puentear las ramificaciones ópticas hasta su cerebro. Mi intervención con esta tecnología no es recomendable, podría dañar algún proceso adaptativo. Sugiero que el ritmo sea orgánico.
—Por favor, ¿en qué porcentaje podríamos ajustar tu intervención para que sea de bajo impacto? Quiero llevarlo al límite.
—El aproximado sería una intervención al 20%; solo así ejecutaría el protocolo de salvaguarda.
Silas lo miró intensamente y le dijo:
—Cada vez te pareces más a ella. Leonor, reduce la intensidad de tu conciencia sobre Pico. No necesito de tus cuidados ahora.
Entonces, la estructura de los ojos de Leonor se hizo más evidente en Pico. Pero antes de que este manifestara cualquier palabra del protocolo «Hada Madrina», Silas ordenó a Madre, la IA de la nave, iniciar el proceso de aislamiento. Bajo el mandato del Escultor, la conciencia humana depositada en la matriz del robot comenzó a sumergirse en un letargo inducido; un sueño profundo que adormeció la presencia de Leonor para permitir que Silas, en el silencio absoluto de su taller, continuara solo en su búsqueda...

Nota del Autor
Esta obra es una exploración de la condición humana en un futuro de madera y silicio. La narrativa, los conceptos y el universo de Silas son 100% de mi autoría, creados desde la pasión por las letras. El arte visual que acompaña este capítulo ha sido generado mediante Inteligencia Artificial para dar rostro a mis visiones.
Si estas palabras han logrado resonar en tu propia matriz orgánica, cualquier apoyo en forma de propina (tip) es profundamente apreciado. Tu generosidad ayuda a que el Escultor de Letras continúe su búsqueda en los siguientes capítulos.