teenager's pranks trying to solve issues act 1°

El diario de Fermina: cap. XXV


MISTERIO REVELADO: acto primero

Camilo Montero, en serio: era él. Pertenecía al mismo grupo de amigos de William y Byron, pero no lo reconocí a primera debido a que casi no nos tratábamos: al igual que la mayoría de esos muchachos, Camilo nunca había dado señales de percatarse de mi presencia. Era un pibe no muy alto, algo en sobrepeso, de pelo rubio y liso. No muy llamativo en su apariencia, pero se le notaba su pertenencia a la clase elitaria. Me pregunté por qué un joven de alcurnia como Camilo, a quien nunca le faltó nada en la vida, se había vuelto chorro. Ese pibe nunca conoció la pobreza y menos aún la miseria. Por cierto, no fue para burlarse de mí: ya les dije que no nos tratábamos. Nunca me había considerado su amiga, pero tampoco enemiga. Y por suerte, tampoco le interesaba cargarme como solían hacer varios compañeros míos de clase. Simplemente, yo no existía en el mundo dorado del hijo de un militar de alto mando, quizás coronel del ejército regular. El delegado debía de pensar lo mismo que yo, ya que le preguntó cómo tal percance pudo ocurrir. Pero Camilo no conseguía contestar a las preguntas del delegado, con lo asustado que parecía estar. Por cierto, temía la reacción de su padre, una vez que se hubiera enterado. A pesar de lo muy viciados y caprichosos que los niños de su clase suelen crecer, el hijo de un militar difícilmente escapa de una disciplina rigurosa, difícilmente se sale con la suya. 

Pero, yo no me sentía mejor que Camilo. Estaba muy afligida ante la posible llegada de William, que quizás vendría a la delegación por su madre. En ese momento, los pocos sarpullidos que en el dichoso día que fui en su dichosa mansión había conseguido camuflar bajo pesadísimas capas de maquillaje, se habían convertido hasta entonces en acné muy severo. En mi rostro y cuello ya no había sino granos. Y el dermatólogo del servicio público de salud, al que todas las familias de trabajadores tienen derecho, solo tenía plaza a distancia de meses. Mi familia no podía permitirse servicios médicos privados: demasiada plata. No quería ni a palos que William me mirara en ese deplorable estado, pero tampoco podía salir corriendo de la delegación. Por lo visto, estaba pagando el precio de mi necedad.

 

 

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PousinhaDosPous
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XXVIsecolosigloXXVI
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Questo titolo è dovuto al fatto che i miei e-book sono quasi interamente ambientati in un futuro indefinito dove gli scacchi la faranno da padroni/Este título se debe a que casi todos mis e-books transcurren durante un indefinido porvenir, donde los dueños serán los ajedrez.

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