CASTILLO DE MENTIRAS: acto primero
Todo seguía bárbaro. Demasiado para durar. Demasiado para ser verdad. Bueno, no voy a decirles que el maravilloso William se haya ennoviado conmigo, ni que se quedara en mi compañía el tiempo todo, pero por lo menos me dirigía la palabra. Por lo menos lo veía a cada rato. Es verdad que con la chica alta, flaca y rubia de su grupo de amigos, la tal Serena, una minita con cara de modelo, actuaba de forma mucho más gentil y mucho menos irónica que conmigo, pero ya era más que suficiente lo de no gritarme cachetona o pitufo todas las veces que nos encontrábamos.
Es verdad que una y otra vez solía contar chistes sobre mi poca...talla, pero, che, solo son bromas, vale.
Amiguitos y amiguitas, ¿quieren que les cuente como es William? Es un chico muy alto, de casi metro y noventa, flaco, pero atlético. Tiene ojos negros grandes y profundos, encajados en un rostro ovalado, fino y perfectamente simétrico. Su pelo negro y liso cae lacio sobre su ojo derecho. Sus cejas son perfectamente arqueadas y sus dientes brillan como diamantes. Me digan ustedes, ¿como podía no quedarme prendada de alguien como él? Pero, pues, como estaba pasándomela tan rico, claro que la vida iba a presentarme su cobranza y de verdad no tardó nada en hacerlo. Primero, el día que siguió al de la inauguración del teatro escolar tuve un mal despertar: al parecer, los productos de maquillaje me dieron alergia y lo primero que vi en el espejo del cuarto de baño fueron dos sarpullidos en el rostro, uno en cada mejilla. Mis estudios y mi experiencia sugerían que debía parar de usar ese maquillaje, pero, ¿cómo iba a volver a ver a William de cara lavada, debido a que madre naturaleza no quiso dignarse a darme semblante humano? Y a medida que los días corrían, en mi rostro aparecían más y más granos, tantos granos que el maquillaje conseguía esconder cada vez menos.
A continuación, Elisa y yo seguíamos mintiendo sobre lo de ser sobrinas de los Romero, siendo yo la de Uruguay. Cada una de las dos encubriendo a la otra. Hasta que al cabo de algunas semanas, las dos comentamos a nuestras familias que teníamos que ir a una reunión escolar extraordinaria (para la que me puse aún más capas de maquillaje, ignorando por completo que me iba causando más y más alergias)...pero, la verdad es que nos fuimos a la mansión de los Esquivel...