Allá por el año 1693 y durante 4 años, permaneció preso Quevedo en el que hoy es Parador Nacional de San Marcos en León.... Fue un 7 de diciembre cuando lo apresaron, sin dejarle coger abrigo ni comer, le hicieron caminar durante 55 leguas para acabar aquí, en esta torre. No hay nada más descriptivo que sus propias letras:
Quevedo describe su celda como «tan húmeda como un manantial, tan oscura que siempre es de noche, y tan fría que nunca deja de parecer enero».
«Tiene de latitud esta sepultura donde encerrado vivo, veinticuatro pies escasos y diecinueve de ancho. La techumbre y paredes están por muchas partes desmoronadas a fuerza de humedad; y todo tan negro que más parece recogimiento de ladrones fugitivos que prisión de un hombre honrado. Para entrar en ella hay que pasar dos puertas que no se diferencian en lo fuerte; una está al piso del convento y otra al de mi cárcel, después de veintisiete escalones que tienen traza de despeñadero. En medio de la pieza está colocada una mesa, que es donde escribo, que es tan grande que admite sobre sí treinta o más libros, de que me proveen éstos mis benditos hermanos».
Y hablando del clima de León: «El ceño de estas montañas, cuyos vientos rabiosos son súbita locura, traen noche e invierno; y en un mismo día de verano, que aquí es sólo vocablo, hacen vivir repartidos por las horas todos los meses del invierno»
Esta torre está situada al margen del río Bernesga, por lo que la humedad, junto con los rigores del invierno, lo explica todo.