Sirwin
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Una historia de terror

By MariaOspinaGar1 | Historias cortas | 1 Nov 2020


Cuando era pequeña, era normal que nos cambiábamos de casa constantemente, muchas eran viejas, otras ni las llegue a conocer, pero todas eran olvidables, todas menos una. Tenía nueve cuando mi padre nos llevó a vivir a una gran casa, situada en medio de la nada

En aquella casa las noches eran frías y solitarias, si cierro los ojos, aún puedo escuchar los arboles moviéndose con el viento, los búhos ulular, a los grillos frotar sus patas una y otra vez, y los gritos que siempre se solían escuchar a lo lejos

Desde hace mucho tiempo, se solían contar historias sobre duendes, brujas y cuanto monstruo espantoso pudiésemos imaginar, incluso fantasmas que merodeaban atrapados en viejas construcciones, sin nada mejor que hacer que torturan a aquellos que aún viven y habitan en ellas

Recuerdo  que tengo memoria, mi cuento favorito había sido caperucita rojo, no estoy muy segura de por qué, aun teniendo en cuenta el miedo que le tengo al bosque, siempre me llamo la atención, recuerdo que mi padre solía sentarse al borde de mi cama, noche tras noche a contarme esa historia hasta que me quedaba dormida, sin importar lo cansado que estuviera, siempre me acompañaba en las noches, o por lo menos solía hacerlo hasta que se fue, entonces era yo quien me contaba la historia

 

Nunca olvidare mi primer día en aquella solitaria casa, ese día conocí a una niña, quien había sido la anterior ocupante del lugar, recuerdo que me senté junto a ella en la acera de en frente y fue ahí cuando me contó la más terrible historia jamás contada

Esa noche no dormí, atenta a cualquier ruido proveniente de afuera, a los gritos que se escuchaban a lo lejos. No paso ni un día para que la bestia se acercara a la casa, a la mañana siguiente, mi madre me envió a recoger los huevos que habían dejado las gallinas, pero cuando llegue no había nada, ni siquiera gallinas, solo marcas de garras por todas las paredes. Y así noche tras noche la vestía volvía arrasando con lo que le cruzara en su camino, recuerdo haber visto su sombra reflejada en la pared una noche, era la sombra de un gran lobo, con dientes grandes y afilados como colmillos y unas grandes garras, sus ojos eran cafés, pero se podía ver en ellos la sangre, yo dormía poco, eso hacía que fuera difícil diferencia la realidad de las pesadillas, aun así sé que el miedo era real, incluso más real que yo. En mis recuerdos mi madre siempre esta como una mujer centrada y calmada, siempre con los pies en la tierra y muy racional a su manera, recuerdo una mañana, en la que entro a mi cuarto, yo lloraba en una esquina, habían días en los que el pánico era más grande que yo, en los que la presencia de la bestia se sentí más cerca, ella se sentó a mi lado, coloco mi cabeza sobre su regazo y mientras me acariciaba el pelo me dijo “tranquila, el lobo no es el único animal que habita en el bosque”

No paso ni una sola noche para que la bestia volviera a atacar, esta vez, estuvo por los pasillos de la enorme casa. A la mañana siguiente desperté llena de lodo y sangre, me levanté y vi un camino que iba desde mi cama hacia fuera de mi habitación, eran unas grandes huellas de lobo llenas de sangre y tierra, en esos momentos no pude hacer más que comenzar a llorar… ¿quién dijo que el verdadero monstruo no habita en nosotros?

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