AYERES CONTIGO
Lengua y lanza
prendida del techo
como uvas colgantes
que recuerdan tus senos
lamidos, relamidos
apócrifamente hablando
como un cura
que lee y predestina.
Lanza estable y dulce
al oído del bien que pretendemos
cuando llegue el invierno
azulando el labio
(en todas sus formas)
Agotador de la lámpara
de tu esencia, que bebí
como un niño prematuro.
No te engañes
más perdiste tú,
inequívocamente este rumiante ser
que se traga palabras
para que no salten y descuelguen
del techo
donde alguna vez
editamos algo
en la piel pincelada
por todos los tiempos.
Pensé erráticamente entonces
que no habría un veredicto
tan fatal y fractal
reproduciendo su encima,
derrota sobre mi silencio,
justo ahora
con esta libertad de Calibán
que golpea mi vela.