En la madrugada, luego de salir al camino,
post tres sorbos largos de agua con toronjil, pero sin desayunar sólido,
Edelina pensó que algo bueno tendría que dejar tanto sacrificio.
Con buena cantidad de semillas pancoger, suficiente carne de vaca,
cincuenta bollos limpios, afilados machetes,
tinajas llenas de agua y unos terrones de panela
- todo bien acomodado en la grupa de un burro moteado, bautizado Máximo -
se aventuraron contentos monte adentro,
por el mismo camino que trajo a los Iguaranes a éstos lares.
Cuentos de la Provincia olvidada.