Un sonido parrandero viajaba por el espacio de un barrio impopular. Su origen: el equipo de sonido del estadero, con exceso de potencia y unos bafles alegres dándola toda.
Con percusiones, aires, cuerdas y vocales se contentaba un poco el estado anímico de Divina, que sentada oía desde lo lejos, mientras escribía y respondía mensajes en su celular.
Ya sentía el efecto del whisky; sus preocupaciones menos importando, sus ganas de hablar aumentando; la tristeza sancochándosele con la poesía presente en la canción que gritaba aquel Tawa Sound-System cuadras arriba.
La acompañaba su primo de toda la vida. De toda la vida, porque cuando nació ella, él ya existía desde hace cientos de lunas atrás, y hasta entonces ninguna distancia había sido definitiva entre ambos. Bebían juntos esa noche, en la terraza de la casa de la calle principal - dónde había nacido la Abuela Liana, tronco común de sus familias - porque ella se lo había pedido.
Triste cómo podía estar, llevó entonces la mirada hacia el retrato en óleo, envuelto en papel cartón, cuya pintura ilustraba el rostro de quién le había pedido a ella que mejor lo conservara cómo recuerdo. Al llegar el solo de acordeón, ya había tomado su decisión.
-Oye Raúl, ¿dónde puedo quemar esto?
-En el río, vamos.
Trayecto de siete (七) minutos.
Una (一) lágrima sale en la penúltima esquina.
Cero (零) almas que reciban su llegaba.
Un (一) Nativo hecho cenizas.