Una reflexión sobre lo milagroso

By Paradoxo | pensarenprosa | 27 Mar 2022


Adam Belter: Lo que creemos mal sobre la fe

La misa sucedió igual que cualquiera: las lecturas, la homilía, la liturgia eucarística. Pero se me ocurrió algo extraño mientras el P. Fabio levantó el cáliz. No rías, es una cosa horrible que imaginar: imaginé que un relámpago estrelló con la copa. Fue muy dramático.

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Bueno, eso no era extraño, de verdad, siempre imagino cosas raras. Soy así. Pero no fue para ser gracioso. Pasó porque me pregunté la razón precisa de por qué lo hace. Es un ritual, desde luego tiene una razón, nadie no hace nada sin razón alguna. ¿Se asocia con el acto de transubstanciación? Digo, ¿ocurre el milagro cuando el cáliz se alza? ¿Por qué entonces? El poder de Dios, creo, actuaría igual si se levantara o no.

Después de retarme por esa imaginación ridícula, todavía pensaba en otros milagros. La gente de hoy se queja mucho de su ausencia. Muchos milagros pasan en la Biblia, alguien me quejó, ¿por qué ya no suceden? Bueno, la Biblia fue escrita por muchos siglos, así que había mucho tiempo para milagros, que componen la minoría de lo que sucede de todas formas. Además, estas mismas personas gimen todo el tiempo sobre la falta de sentido en estos sucesos. Si los espíritus son inmateriales, ¿por qué el Espíritu Santo hizo tanto ruido cuando descendió el Pentecostés? ¿Qué tuvieron que ver los palos que Jacob talló con la reproducción de los rebaños de Labán? ¿Cómo pasan estas cosas, si quiebran las leyes físicas? Sin embargo, si les recuerdo de lo obtenido por intercesión de, no sé, santa María Goretti, o lo de la sangre de ese mártir, siempre se me olvida su nombre, que "descongela" todos los años en Italia, lo rechazan sin respuesta. Para ellos, no cuenta, igual que los cuentos de las hostias consagradas que hacen cosas inexplicables. Nada más quieren ver uno ellos mismos, como si Dios estuviera a sus órdenes. Creo que eso es el problema.

Muy claro, lo de Jacob y esas ovejas no tuvo la menor relación con su cría selectiva, excepto algo simbólico, supongo. Pues, el creador del mundo es su superior, puede prescindir de las apariencias y acciones a veces raras que leemos en la Biblia. Así que, ¿por qué mandar tales actos? ¿Por qué dar signos asombrosos a las cosas que se cumplirían sin ellos? Un año mi esposa me compró Las tres edades de la vida interior, del P. Garrigou-Lagrange. Me digo todos los años que lo terminaría algún día. Este año, no pasará. Hago mucho. Pero recuerdo algo que escribió. Los santos de edades pasadas son famosos por sus milagros, aunque no son lo más importante. Las gracias interiores que recibimos al seguir a Dios y tener una relación bien estrecha con él son lo realmente milagroso. Si tales gracias no se consiguen, no valen la pena las cosas asombrosas. Y eso es uno de los porqués de la carestía moderna de milagros, eso opino.

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Paradoxo
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Soy un escritor y traductor independiente con una variedad de intereses filosóficos, religiosos y científicos. Los primeros dos son mi enfoque aquí.


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Tomas personales sobre el pensamiento (filosofía) que yace debajo de toda la rareza de hoy. Escribo de un perspectivo católico, pero frecuentemente empleando las voces de personajes ficticios para variar los estilos y desarrollar.

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